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Mostrando entradas con la etiqueta Historias Frikis. Mostrar todas las entradas
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22/1/13

R.A.N.D.O.M. Chronicles - Episodio 1


¡Hola lectores! ¿Qué tal su día? Espero que con abundacia en alegría y galletas con chispas de chocolate. Ya sé, un fallo de dos días, ¡Seguidos! Eso es imperndonable, y no busco que lo hagan, solamente diré que estoy de vuelta. Pero para entregar malas noticias. Y es que por ciertas situaciones que no están del todo bajo mi deseo de voluntad común, no tendré medio para estar actualizando el blog. Así que sí, estoy por entrar a un "Span", que es como me gusta llamar a aquellos pequeños períodos de tiempo en el que no podemos entregar entradas por alguna razón, superior a dos días de largo. Pero que la angustia no se apodere de sus cuerpos, porque este mismo fin de semana estaré de vuelta, ¡Con una Historia Friki por día de Span! Si me voy dos días, dos historias; si me voy de aquí hasta febrero, nueve entradas (No, en serio, el fin de semana vuelvo). Y hablando de Historias Frikis, he aquí la entrega que les tengo para hoy. El inicio de una tira de crónicas, representada en seis episodios. ¡Vamos con el primer episodio de R.A.N.D.O.M. Chronicles!

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   Ray corría incesantemente hacia un lugar en específico. Llegaba tarde, a ese lugar en específico. Mientras corría y jadeaba, revisaba su reloj, con la esperanza de estar equivocado con la hora; pero para su desfortuna, no se había equivocado, y empeorando las cosas, iba ahora diez minutos tarde.
   Aceleró el paso hasta llegar a una banca en el parque. El parque se hallaba peculiarmente vacío, no del todo, pero se podía ver a simple vista que no había tanta gente como lo había usualmente. Se hallaban dos personas además de Ray en el parque; ambas estaban sentadas en la banca que era el destino de Ray. Y habló Margh.
   -¡Como vuelvas a llegar tarde a nuestros paseos, yo mismo--
   -A callar, Margh, Ray hizo lo que pudo por llegar a tiempo. ¿No es así?- Dijo Ferry, levantándose al tiempo que se estiraba.
   -Oh sí, hice todo lo que estaba en mi poder. ¡La multitud del festival está como loca allá atrás!- Dijo Ray, sentándose en el lugar que Ferry le había dejado libre. Suspirando fuerte una última vez, se dirigió a sus acompañantes. -Muy bien, ¡Enmendaré mi error con una pequeña historia!
   Ferry y Margh se vieron mutuamente sin terminar de entender lo que Ray les estaba diciendo. Margh se apresuró a preguntar. -¿Historia? ¿Desde cuando cuentas historias?
   -Pues desde hoy. Les prometo que la historia no les hará sentir aburrimiento, y mucho menos somnolientos. Venga, ¿Están de acuerdo?
   Una última mirada entre Ferry y Margh fue necesaria para que éstos asintieran con la cabeza. Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Ray, y se puso de pie. Ferry ocupó su antiguo lugar, y Ray empezó a contar su historia.
   -Hace doscientos años casi, yo me hallaba de paseo en un pequeño bosque de--
   -Un momento Ray, ¿Doscientos años? ¿Tú? ¡Pero si no tienes más de cator--
   -¡Nadie debe interrumpir a quien cuenta las leyendas!- Ray tomó una vara cercana y le dio en la cabeza a Margh, produciendo un sonido tan seco y fuerte que hizo exaltar a Ferry. Margh, quien no tenía muchos ánimos para nada, se limitó a gemir de dolor en su lugar, mientras le suplicaba a Ray que continuara. Y así hizo.
   -Como decía, iba yo caminando en un pequeño bosque ubicado en alguna tierra asiática que no deseo recordar justo ahora.- Margh puso cara de perfecto estupor, pero no dijo nada, y se continuó escuchando la historia.- Estaba, pues, en este bosque, conversando conmigo mismo acerca de la vida. Lo cruel que es, lo lúcida que puede llegar a ser, incluso hasta lo vaga que resulta en algunas ocasiones.
>>Pero después de un tiempo, me di cuenta de algo. Caí de rodillas en el alfombrado suelo de hojas, y caí en un sueño profundo, del cual desperté una semana después.
Otra vez Margh puso cara de no entender una palabra, pero, de nuevo, se quedó callado.
-Al despertar, no me hallaba en el cálido y acogedor lugar en el que me había quedado dormido. Esta vez me encontraba en un lugar muy oscuro, mejor dicho en un bosque muy, pero muy oscuro. Alzando mis sentidos, me puse de pie, y emprendí una acelerada caminata hacia adelante. Porque si había algo que me afligiera más que mi temor a estar perdido, era la agobiante sed que quemaba mi garganta y debilitaba mis músculos.
>>En ese momento, recordé en aquello que pensé antes de caer dormido. Una revelación a mi persona tan grande que me haría caer desvanecido como muñeco de trapos. Y el mensaje resonaba en mi cabeza como cientos de campanas al unísono. “¿Cuál es mi destino?” Me decía una y otra vez; y sin darme cuenta, ya no me encontraba corriendo, ahora estaba recostado en el ancho tronco de un árbol, observando a la nada. La sed ya había desaparecido, por suerte.
>>Fue en aquel momento en el que medité tan profundamente que no medí en la cantidad de tiempo que pasaba. Horas, días, puede que hasta semanas hayan pasado, y allí estaba yo, meditando a los pies de un árbol.
   -Claro, tienes más de doscientos  años, viviste en Asia, pasaste semanas sin beber agua y ahora resulta que eres un pensador sabio de antaño.- Sin mediar palabra, Ray volvió a alzar su vara, y la embistió en la cabeza de Margh.
   -Cuando terminé de meditar acerca de mi destino, me di cuenta que es algo inexistente, y que no vale la pena pensar en ello.- Margh, recuperándose del dolor, soltó una pequeña risa un tanto burlona. -Al llegar a esta conclusión, el frío bosque fue adquiriendo una gama de colores más cálidos. Pronto pude escuchar un ruido fuerte que se aproximaba, pero no sabía de qué se trataba.
>>El sonido me era familiar, es como si lo hubiera escuchado antes, pero repito, no podía recordar qué era. No fue necesario recordarlo, pues al ver la enorme pared de agua acercándose hacia mi con la velocidad de un gran río, identifiqué claramente el sonido de agua saltando  y chocando. Segundos más tarde, el río me atrapó y me llevó en su corriente.
>>Pasé varios minutos así, sin hacer nada, bajo el agua. Me dejé llevar por la corriente mucho tiempo, diría que demasiado, pero no me importaba; después de meditar tanto, aprendí que tal suceso tendría un por qué. Y claro, estaba en lo correcto.
>>La corriente me arrastró hasta una pequeña isla en el medio de un lago. Con pesar y brazos cansados, me levanté del caliente suelo, y observé a mi alrededor. La isla estaba flotando, no estaba unida al subsuelo marino del lago. Pero esto no era lo sorprendente, ya que lo que en verdad dejaba la boca abierta era la enorme torre de acero que se levantaba justo en el centro de la isla.
>>Yo, esupefacto, caminé hacia la puerta de la torre, por la curiosidad que me transmitía aquella edificación. Pero al llegar a la puerta, me di cuenta que no había en realidad puerta. Así que me senté, y esperé. ¿Cuánto tiempo esperé? No sé, fue tanto. La isla se movía lento, al paso de los cuantos peces que la rodeaban. Todos los días al atardecer me encontraba frente a lo que parecía un paisaje paradisiaco lleno de vida y hermosura. Y vaya que era hermoso aquel paisaje; tonos naranjas por todo el lago, y una cálida sensación de seguridad que me incitaba al sueño; y justo cuando me derrotaba el sentimiento de somnoliencia, dormía, y no despertaba hasta el amanecer del día siguiente. Fue una época maravillosa de mi vida.
   Margh y Ferry miraban con atención a Ray, en busca de saber qué ocurrió después. Luego Margh se dio cuenta que lo que esperaba era inútil, ya que esa historia no era si quiera real. Ferry observó cómo Ray callaba por un largo rato, y justo cuando se disponía a preguntarle por qué se detuvo, Ray continuó.
   -Entonces, después de cierto atardecer hermoso, el sueño no se apoderó de mí. Esta vez me acobijo y abrazó, pero no me dominó, como ya lo había hecho los días anteriores. Al no sentir el habitual sueño, levanté mi cabeza en dirección a la torre, y allí vi como un enorme arco de madera servía de entrada para la monstruosa estructura de acero.
>>No tuve que pensarlo dos veces, ya que en el acto me hallaba de pie, caminando hacia la misteriosa entrada. ¡Quién sabe qué me aguardaba en aquella torre!
>>Y estaba allí, frente a la puerta. Levanté mi brazo para dar los golpes correspondientes a mi llamado, pero antes de poder moverme más, la puerta se abrió por si sola. Asustado de muerte, di un salto hacia atrás, sin poder gritar. Después de un tiempo, no vi más movimientos procedentes de la puerta, y eso me aseguró que nadie estaba allí, más que yo. Otra razón para echarme a correr lejos de la torre.
>>Pero la cobardía fue un factor que se esfumaba con cada noche en la soledad que me aguardaba después del atardecer. Así que después de tanto tiempo, mi valía era tal que di varios pasos al frente, y entré a la torre.
>>El interior era muy obscuro, no llegaba a ver la más mínima señal de luz. Cuando me disponía a ir fuera en busca de algo para encender mi camino, la puerta se cerró de golpe. Fuera cual fuera mi valía entonces, no tuvo significado, pues me aterrorizé tanto que corrí hacia adelante tanto como pude.
   Margh rió un poco, pero luego recordó que la historia no le interesaba, y callo en seco. Ferry si que dejó salir una notoria risa, y al terminar, Ray continuó.
   -Como decía, corrí y corrí por el inmenso interior de la torre. No hallaba hacia dónde me dirigía, y el miedo empezaba a aflojarse. Después de un rato, me detuve y me senté, allí en el helado piso de metal.
>>-Sea lo que sea esto, no llegaré a ningún lugar corriendo a lo bestia, ¿Verdad?- Pregunté por lo alto. Lo siguiente me sorprendió.
>>-Correcto.- Me dijo una voz de procedencia desconocida. Abriendo mis ojos y agudizando mis oídos, me dispuse a poner total atención a mi entorno. Logre ver que me hallaba en una especie de sala común, rodeado de muebles y sillas. Eso si, no eran más que simples siluetas, y no podía decir nada en concreto todavía; estaba practicamente ciego. Al ver hacia arriba, distinguí una leve luz proyectada en lo alto. Era una luz blanca y muy tenue, por lo que concluí que era el cielo nocturo del exterior. Una fracción de la Luna se distinguía por una sección del agujero.
>>Fue entonces cuando, de pronto, sentí que mis ojos quemaban y mis parpados pesaban como rocas. Mi cabeza dio vueltas y me dejé caer de espaldas. A pesar de lo incómodo que me resultaba aquella postura en la que me hallaba, no le importó en lo absoluto a mi cerebro, quien cayó inconciente en el acto. Dormí por quién sabe cuánto tiempo.
   -No importa la situación en la que te encuentres, siempre terminas durmiendo por un tiempo indefinido. Lo único que veo en la historia es a un holgazán, ¿No es así?- Ray miró con ojos felices a Margh mientras éste decía sus palabras. Ray, todavía con una cara de inocencia, estiró ambos brazos hacia adelante. Luego hacia atrás. Y mientras devolvía sus brazos a su posición original, dejó que su brazo derecho se avalanzara hacia el frente con tal velocidad que Margh no fue capaz de evadir o bloquear el salvaje puñetazo que se estrelló en su abdomen. Tosiendo y respirando fuerte, Margh cayó al suelo.
   -Espero que no hayan más interrupciones.- Dijo Ray, sonriendo. Margh se quedó en el suelo unos momentos, y después de un suspiro grande y profundo, se puso de pie y se sentó en su lugar. Después de un “Bah…”, Margh se recostó en la banca y vio a Ray mientras éste empezaba a hablar de nuevo. -Desperté en la penumbra de nuevo, guiado solamente por la escasa luz que se cernía sobre mí. Me puse de pie con dificultad, y estiré mis extremidades. Luego vi hacia arriba.
>>Mis ojos se abrieron con fuerza al ver que la Luna estaba ahora cubriendo todo el agujero con su luz, permiténdome observar mejor mi alrededor. Al bajar mi vista, lo primero que vi fue un obscuro pasillo justo frente a mí, el pasillo por el cual había entrado a tan misteriosa habitación. Luego mis dudas acerca de la sala común fueron despejadas, porque vi que claramente no era una sala común. Era nada más y nada menos que una habitación, con una enorme cama a mi derecha, y sillas colocadas frente a un gran guardaropa, un espejo sobre él.
>>-¿Qué hago aquí?- Me pregunté a mi mismo, mientras caminaba hacia la cama.
>>-Aprender, ¿Qué si no?- Me respondió la voz que me había respondido antes de caer dormido en el suelo. Esta vez, en lugar de provenir de la nada, provino desde atrás de donde me encontraba. Tomando cada pizca de valor de mi cuerpo, volteé mi cabeza para encontrarme con alguien que parecía ser algún monje zen. Vestía una túnica que, a pesar de la vaga luz, pude distinguir como azul claro. No tenía cabellera, y diente salía de su cerrada boca. Me fue difícil contener la risa ante tal personaje, que representaba bien a los mojes zen en aquella época. Oh, acabo de recordar un chiste sobre los mojes que me contó Thorn en su taberna. Verán, era una foca albina, que se encuentra con su tía mosca--
   -No hay que interrumpir la historia, ¿No?- Dijo Margh, sin perder su cara de seriedad ante Ray. Ray le devolvió una sonrisa.
   -Exacto, Margh. Está claro que tienes interés por la historia.- Margh quiso negarlo, pero se contuvo; no quería inciar otra discusión. -El presunto moje zen, pues, se acercó a mi y me dirgió la palabra.
>>-No te asustes, me llamo Lei y estoy aquí para instruirte. Aprenderás lo que será la llave de tu destino.- No había tomado seriedad en sus palabras, hasta que mencionó la palabra “destino”. Fue entonces cuando no tuve más opción; tenía a mi destino justo frente a mí, ya no podía evadir pensar en él. Así que no hice más que tenderle mi mano a Lei, y éste la tomó. Dos segundos más tarde, la habitación se esfumó y estabamos fuera de la torre, en la pequeña isla flotante.
>>Lo que me sorprendió fue descubrir que aquí afuera era de día, razón por la cual sentí como mis ojos se lestimaban al recibir la luz. Lei posó su mano en mi cabeza, y así como la luz de un fogonazo dura menos de un segundo, también el dolor desapareció de mis ojos, dejándome ver otra vez sin temor a sufrir.
>>-Me temo, querido aprendiz, que no tengo mucho tiempo, y por más que me gustaría llevarte por el camino apropiado, no tengo más remedio que instruirte bajo las enseñanzas más rápidas que puedo ofrecerte.- Después de decirme esto, Lei puso su mano frente a su cabeza, y cerró sus ojos. Con el tiempo, su mano fue rodeada con un orbe blanco. Acto seguido, agarró mi cara con su mano, estando ésta aún rodeada por el orbe. El orbe desapareció, y yo no sentí más que el ardor del impacto de la mano contra mi cara, pero contuve mis intenciones de gritar de dolor.
>>-¿Qué has hecho?- Le pregunté, mientras retiraba su mano de mi cara y adoptaba una pose extraña. Pose digna de un monje zen, pensé. Pero luego de terminar de reir en mi mente, Lei cambió rápidamente de pose, esta vez propulsando un rayo rojo desde su brazo extendido. El rayo no solamente era rojo, ya que con el tiempo variaba su color a obscuros tonos de megenta; además, otros pequeños rayos blancos rodeaban el rojo principal mientras éste se extendía. La longitud de la emanación de poder llegó hasta la mitad de la torre, y un fuerte estallido le siguió al impacto.
>>Yo, como cualquiera lo haría me alejé de la torre, temeroso de la caída de escombros. Pero cuando me alejé lo suficiente para darme vuelta y ver la dañada torre, pude ver como ya no había torre. No más edificación magnífica de metal. Ahora solamente quedaban escombros y grandes trozos de acero.
>>Con cara de haber visto la muerte, giré mi cabeza hacia Lei. -No saldrás de aquí hasta que termines de controlar apropiadamente el “Rayo Gamma”. Buena suerte.- Luego soltó un grito de dolor y cayó al suelo. Comenzó a desvanescerse gradualmente desde su cabeza, y terminó en sus pies.
>>Lentamente, fui dándome cuenta de mi destino. No era el simple destino de cualquier persona; era, y ES el destino de alguien que cambiará el mundo.
Ray quedó allí, con el puño alzado al cielo y una expresión de total satisfacción en su rostro. Ferry y Margh esperaron, en vano, el seguimiento de la historia.
-Ah, sí; fin.- Y Ray reverenció levemente hacia sus acompañantes. Ambos, Margh y Ferry, miraban a Ray con una cara poco decifrable. Ferry habló el primero.
   -Excelente historia Ray, deberías dedicarte a hacer obras de teatro o algo así. ¿Qué pasó luego, con tu entrenamiento?
   -Pues, ¿Qué no me ves aquí, fuera de la isla?- Una sonrisa orgullosa se dibujó en el rostro de Ray mientras decía estas palabras.
   -¡Oh, por favor Ray!- Dijo Margh desde su asiento. Se levantó y miró a sus compañeros de pies a cabeza. -Hemos perdido mucho tiempo con esta historia tan falsa como las focas albinas. ¿Vamos a nuestra caminata, o no?
   -Claro que sí Margh, no te exaltes.
   -Sí, Margh. Yo solamente quería compartir con una importante parte de mi vida con ustedes. No tenía intención de molestarte.- Margh quedó con cara de idiotez frente a Ray por unos segundos, y luego se fue caminando, murmurando frases de odio.
  -Se le pasará para mañana.- Dijo Ferry, empezando a caminar después de darle unas palmadas en la espalda a Ray. Éste asintió, y también empezó a caminar.


Episodio 01 - Ray => FIN

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¡Ray es todo un misterio! Entonces, salió de la isla, ¿Eh? ¡Esperad con ansias el segundo, si les gustó! Si lo odiaron, saben que pueden dejar esa opinión (Por más llena de odio que esté) en los comentarios. O, también, a través de piruletavencida@hotmail.com. O, también, a través de Feisbook. O, también, a través de Tuiter. O, también, a través de Google+. O, también, a través de la interconexión mental que nos une a todos. Eso me recuerda a cierta historia... No olviden alimentar a los peces, recomendarnos con TODOS, beber jugo de papaya y lavarse la cara constantemente con jugo de limón. Que Ponto os protega. ¡Hasta el fin de semana!

-Guille-

18/8/12

Desolación

¡Hola lectores! ¿Cómo transcurre vuestra animada y siempre excelente vida? Pues todos por aquí deseamos que de lo mejor. Y bueno... Nosotros en particular nos encontramos que saltamos de la felicidad. ¿Por qué? ¡Basta con que observen a la derecha de su pantalla! ... ... ¿Ya? Pues claro, ¡Alcanzamos las 10,00 visitas! Es... algo... que no puedo agradecer todavía, mañana habrá una muy gratificante entrada de agradecimiento. Hay sorpresas acompañando este logro, así que atentos. Mientras llega el mañana, será mejor que pasemos a mi Historia Friki de los sábados. Esta vez con un tinte más triste que las demás; en serio, es bastante triste y difícil de entender si no estás acostumbrado a leer en primera persona y en presente. Bueno, en cuanto a la tristeza, no es tanta, pero creo que es la más triste que he hecho, y eso ya es algo. No se preocupen, a la próxima les traigo una Historia feliz, para alegraros los corazones. Vamos, pues, a "Desolación".

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   Si hay alguien a quien no tenía interés en volver a ver en toda mi vida, era a este tipo. Siempre con sus aburridos monólogos y largos discursos. Asentir será lo correcto, mientras le observo con rabia disfrazada hábilmente como una sonrisa. ¡Cállate de una vez! ¿A qué has venido hacia mí? ¿Qué? ¿Una carta? Me pregunto...
   -¿Hacia quien está dirigida la carta, Doctor?- Me es tan difícil mantener la compostura ante este hombre, este patán que toda esperanza me quitó. A ver pues, Doctor Riechzoft, detenga ya su sonrisa y sus suspiros, y responda de una buena vez.
   -A tu hermano, bella Rosalie.- ¡Con un demonio! ¿Es que no me dejará jamás de restregar en la cara a mi hermano? Me voy, no tengo más que hablar con este hombre, más que dejarle mi más furtiva mirada asesina.
   Estoy caminando hacia la estación de trenes de la ciudad. La rabia se transforma lentamente en un fuego que desde mis entreñas me come lentamente y hace que me sienta fatal. Ahora ya no importaba mi objetivo en esta ciudad, el cual era simplemente comprar comida. Ahora debo regresar a mi pequeño pueblo, junto a mi hermano. Ya tengo fija una resolución, y no hay nada en este mundo que vaya a detenerme.
  Oh claro, mientras camino, podría entretenerme un poco. Una entretención clara, pequeña que podría herirme lo suficiente para seguir firme ante mi descición. Leeré esta asquerosa carta dirigida a mi hermano. Es curioso, ahora que la veo con más detenimiento, me doy cuenta que está sellada con el emblema de la Universidad de Ritzenfuhr. Esa maldita universidad a la cual deseaba con todos mis anhelos entrar. Pero en un mundo como este, los sueños son destruidos por nada más que un poco de estupidez y poder. A ver, pues, la carta. Esta caligrafía... ¡Solamente puede venir del director! La conozco perfectamente, y sé claramente que es su manera peculiar de escribir. Con fluidez y hermosura, esta carta está escrita como algo muy especial. Veamos qué dice.

A Howard Stallion:
   Felicidades señor Stallion, ha sido usted aceptado para participar en   
   nuestra competencia anual de tésis científica. Esperamos con mucho
   entusiasmo más de sus trabajos, para sorprendernos y maravillarnos.
   Con los mejores deseos,
                                                     Profesor Armstrong.

   No, no... ¡NO! Esto es inaudito... ¡Inaceptable! Yo... Mi sueño... Todo lo que deseaba hacer, ¡Me lo ha arrebatado mi hermano! Esto es suficiente, no tengo nada más que detenga mi objetivo. Este odio creciente que se cierne en lo más profundo de mi ser por fin florece al exterior, y me hace sentir bien, viva... Esta carta nunca llegará a su destinatario original, ni será conocida por nadie. Allí, deshecha en la fuente de la Plaza, queda mucho mejor. Ahora debo continuar, no hay tiempo que perder.
   He cambiado mi ruta, ahora me dirijo al oeste, en busca de la casa de una herbalista. Será un camino largo en lo profundo de la ciudad, pero no hay de qué preocuparse, no importa que llegue un poco tarde a casa hoy. Estoy caminando en la fría Calle Esther, muy adentrado en la ciudad. La neblina nubla en gran parte mi vista, y hace que el frío recorra mi cuerpo de arriba abajo una y otra vez. Las historias nos cuentan que la Calle Esther fue la primera de la ciudad, construida por aquellos que llegaron el primero a estas tierras hace cientos de años, en barcos dirigidos ciegamente por el viento. Ahora ha llegado la Era del Vapor; barcos y trenes ahora funcionan con mayor eficacia, y la vida se nos ha hecho más fácil. Mis pensamientos me distraen, casi paso de largo mi destino.
   “Cuarto Ancestral”, así recita el letrero frente a mí, colocado justo en la puerta. Le doy golpes a la puerta, esperando una respuesta que me indique que pueda entrar. Pero nada ocurre. Volteando mi cabeza hacia arriba, logro percibir más hallá de la neblina que el cielo se ha vuelto oscuro, y las estrellas reinan como lo hicieron ayer. Si me tardo demasiado, mi harmano caerá en sueño; no, hoy acabará todo, entraré. La pequeña habitación está iluminada por nada más que una leve luz amarillenta proviniente de una vela en una esquina. Una mesa en el centro y una silla junto a ella me hacen saber que estoy en un lugar tenebroso. En la pared opuesta a la puerta de entrada, se halla una salida a un lugar oscuro; la salida no posee puerta y estoy empezando a pensar en irme.
  No, vine con un solo objetivo, y hoy terminará todo. Me siento en la única silla y golpeó la mesa con los nudillos. Un sonido en la lejanía me hace saber que no estoy sola.
  -¿Qué?- Esta voz cansada y vencida no puede provenir de nadie más que de un anciano. El tono leve y bajamete agudo me indican que se trata de una anciana. Tomando valor, le respondí a la voz que aún no había aparecido por ningún lado.
   -Necesito… Hojas de Helecho de Manzana.- Unos pasos pesados se acercan, están detrás de la salida sin puerta. Una gota de sudor frío cae por mi frente; pasa por mi nariz y se precipita en su punta; ahora cae e impacta contra la mesa. En este preciso intante, entra a la habitación una señora anciana, como lo había previsto. Trae unos ropajes basados más que nada en el color rojo y café, además de contar con numerosos collares. Mientras me ve fijamente a los ojos, intento componer la mejor de mis caras desinteresadas. Pero algo me hace empezar a temblar ante esta figura. Sin más palabras, regresa por donde llegó, volviendo a estar fuera de mi vista. La espero, ya sin la presión de saber que me observa.
    Cierro mis ojos y pienso en la maravillosa vida que podría estar llevando, si no fuera por las desdichas, no, no desdichas, más bien injusticias de mi miserable vida. Siempre a la enorme sombra de mi hermano, conocida por sus méritos, en lugar de por los míos. A veces--
   -Toma; tomaste esto desde el suelo, lejos de aquí, ¿Entendido?- ¡Pero qué susto! La anciana había dado un fuerte golpe en la mesa mientras yo estaba sumida en mis pensamientos, y me indujo un susto casi mortal. Esta vez no me contengo para mostrar mi miedo. Estoy asintiendo y dejando varias monedas de plata en la mesa, a la vez que tomo las hojas. Salgo corriendo lejos, tan lejos como mis pies me lo permitan; estoy llegando tarde.
   Veo a mí alrededor, ya de vuelta en la Plaza. La gente sigue aquí, dando paseos nocturnos. Me pregunto que tan tarde será. Eso no importa, debo llegar a la estación lo antes posible. Oh, el último tren está a punto de salir. ¿Es ya tan adentrada la noche? No puede ser... Corro, arrojo las monedas a alguien, no sé quién; con mi permiso “pagado”, me dirigo al tren. Está empezando a moverse, casi le alcanzó... No lo logré... ¿O sí lo he hecho? No sé... El viento sopla mi cara con fuerza, a penas puedo pensar en algo... Pero sí, he alcanzado el tren a tiempo para sujtarme de él y poder ir junto a él a la siguiente estación en mi pueblo. Un viaje de media hora.  Estoy jadeando, nunca había corrido de tal manera.

*****

   Ahora estoy de vuelta a mi pueblo. Salgo de la estación con paso apresurado, pero ya no estoy corriendo. Sonrío a quienes pasan junto a mí, me siento feliz, como si al fin hubiera conseguido lo que quería. Y así es. Reviso las hojas en mi bolsillo y las dejó allí. Mi sonrisa es suficientemente grande, puedo sentirla.
   He llegado a mi colina, la colina en la que crecí, la colina en la que todo ocurrió, la colina donde espera mi hermano. Subo la colina, con pasos lentos pero seguros. Llego a la puerta. Me detengo, aún con esta sonrisa grabada en mi rostro. ¡Que bien se sentirá terminar todo! Que bien terminará todo... ¿Ah? ¿Estella? ¡Estella, mi querida Estella!
   -Señora, ¿Qué hace aquí afuera en el frío?- Oh Estella, tu voz, como la de una pequeña niña, endulza mis oídos. Pero tienes razón, el frío es tremendamente asesino. Será mejor que entremos, pero antes, me pregunto...
   -Eso debería preguntártelo a ti Estella, ¿Qué haces aquí?- Estella, no bajes la mirada. Realmente me pregunto de dónde has salido. Supongo que mi hermano te habrá puesto a hacer algo aquí afuera.
   -Señora, es que su hermano y yo nos hemos percatado de un animalejo que correteaba alrededor de la casa. Y bueno, yo me he ofrecido a salir a exterminarle.- Claro, he olvidado tu ciego amor por mi hermano. No te preocupes, tengo algo preparado para ti.
   -Estella, te propongo esto. Toma esta bolsa, que contiene cien monedas de oro. Vete al pueblo de tu familia, y vive allí; ya no tienes por qué ser nuestra criada.- Oh Estella, esos ojos brillantes que me ven con sorpresa y felicidad no me sorprenden, vieniendo de alguien como tú. Mientras te abrazo una última vez, te doy los mejores deseos. Ve, no querrás estar aquí.
   Estella se ha ido, y he quedado en soledad. De nuevo retomo mi sonrisa, y entro a la casa. La casa siempre ha sido pequeña, y no es nada de lo que regodearse, pero tampoco de qué avergonzarse. Camino hasta la sala común, y aquí estas, despreciable creatura que se hace pasar por mi hermano. De pie, con temple nerviosa, viendo el fuego de la fogata fijamente. Enfermizo insecto…
  -¡Rosalie! ¡No sabes cuánto me he preocupado!- Oh, este abrazo no cambia nada. Te desprecio tanto como hace veinte segundos.- ¿Dónde te habías metido? ¡Es tardísimo!
    -Ya no soy una niña para que te preocupes así por mí. Sé cuidarme sola.- Esa  mirada triste, oh, ni creas que me afecta en lo absoluto. Eso es, deja de abrazarme... Como si creyera una sola de tus palabras.
   -No puedes seguir enfadada por siempre, Rosalie. Ya han pasado dos meses.- Muy bien, es hora de entrar en acción. Te finjo esta sonrisa, sí, pero no es en absoluto sincera. ¿Ves estas lágrimas que salen de mis ojos y corren por mis mejillas? Son las lágrimas falsas que me llevarán a la perfecta ejecución de mi plan. Oh sí, consuélame, eso está muy bien... Así es más creíble.- Iré a dormir Rose. Te veré en la mañana. -Oh no, aún no.
   -¿No preferirías tomar té conmigo? No creo que pueda dormir justo ahora.- Las palabras indicadas, justo en el momento indicado. Esa sonrisa tuya me dice que aceptas mi petición. Perfecto. -¿Me esperarías aquí mientras lo preparo?
    -Oh, si quieres puedo ayudarte y--
   -No, esto me relajará más si lo hago sola.- Y de nuevo reanudas tu admiración al fuego. Yo me dirijo a la cocina y empiezo a preparar el té.
   No me tomó mucho tiempo prepararlos. Con manos temblorosas, tomo las hojas de mi bolsillo, y las froto fuertemente en mis dedos; ahora, hay que dejar caer los pequeños restos que quedan en el té; el té de mi hermano. En la mano derecha mi té, y en la izquierda el tuyo. Ahora camino hacia la estancia, y aquí estás, todavía admirando el fuego. No mentiré, el fuego es un gusto que compartimos, auqnue no es algo que me haga feliz; tan perfecto, tan libre, siempre ondulante y con continuos chasquidos relajantes. Amo el fuego, casi tanto como amaré lo que ocurrirá esta noche.
   Sí hermano, este, el té de mi mano izquierda, es el designado para ti. Vamos, hablemos de algo, lo que sea. Probablemente... -¿Cómo te fue en el día, hermano?
   Esa mirada es una manera patética de aparentar felicidad. No eres más que un miserable... -Pues yo me lo pase de lo mejor. Primero desperté y me dirigí directamente a... Bueno, ya sabes donde. Allí me encontré con Miranda, y hablamos todo el tiempo entre clases. Mañana nos encontraremos en la vereda cercana a la Plaza de Ciudad Arena. No sé Rose, creo que me he enamorado...- Esa pequeña risa me hace dudar de tus palabras... ¡Sí! Un solo trago a tu té es suficiente. Gracias hermano, gracias por haber tomado de tu té. Te lo estoy enteramente agradecida. No, esto es suficiente, no me puedo contener. La risa que sale de mi boca, generada directamente en lo más profundo de mi garganta, es tan fuerte que te estoy haciendo palidecer.
   Un momento, no soy yo quien te hace palidecer. Es... Son las hojas de Helecho de Manzana. Oh sí, ahora te es difícil respirar. Tus ojos de terror me miran fijamente, en un vago intento de ayuda. No te preocupes más, este veneno te matará dentro de poco. Yo no puedo detener mi risa, es imperioso que la haga fluir. Pero hermano, ¿Qué no veías venir esta situación? No... Yo sé que no lo esperabas. Ahora caes, lentamente, cerrando los ojos mientras te das cuenta de todo; de mi odio, de mi plan, de mi insistencia ante tomar el té, de por qué Estella ya no se encuentra aquí.
   Oh hermano, ha sido divertido. Pero ahora me doy cuenta que te lo mereces. Allí en el suelo, inmóvil, pareces un poco mejor persona. Tan solo un poco. A ver, si me pongo junto a la fogata así... Ahh, esta calidez me abraza y me tranquiliza; siento al fin un poco de paz, ya sin la preocupación de tenerte siempre frente a mí. Ahora te encuentras en el suelo, y yo de pie, arriba de ti.
   ¿Pero vale la pena? Claro que sí. Después de obtener aquella vacante en la Universidad que me correspondía como derecho, no te puedo perdonar absolutamente nada. Y es que en esa oportunidad de obtener estudios superiores era mi entrada al mundo de las ciencias. Un mundo del cual me alejaste totalmente después de sacar un puntaje más alto que yo en el examen de iniciación. ¿Puntaje más alto? Sabotaje más alto, diría yo. Jamás te creí eso que habías ganado honestamente, y todas tus disculpas no eran más que palabras.
   Vamos, acércate un poco más al fuego, está exquisito. Ah, claro, ya no puedes. Otra risa escapa de mi garganta, y llena la habitación. Ahora me siento junto a ti, hermano. Hola.
   Pues no, no hay respuesta, claro. Estoy volviendo a reir... Pero, ¿Qué es esto? Esta risa es distinta. Es más húmeda, y no produce tanto sonido. Algunos sonidos altos de vez en cuando, pero nada más... Un momento... Esto no es reir. Es llorar.
   Entre sollozos, me pregunto qué está pasando conmigo. ¡No! ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy recostada en el pecho de mi caído hermano? Tal vez... Su muerte me ha... No, se lo merece, por arrebatarme todo. Mi futuro dependía de esa Univarsidad. Me levanto, aún llorando. -¡Mi sueño siempre ha sido participar en el concurso de tesis científica! ¡Este año confiaba que sería seleccionada para participar! ¡Eres un inútil, un canalla, un miserable!- Por alguna razón, estoy golpeando el suelo. Me doy cuenta que me encuentro de rodillas, junto a mi hermano, y cada tanto le golpeo a él también. Esto es un dolor absoluto, no lo soporto más.
   Esta taza, que terminó con la vida de mi hermano, ahora terminará con la mía. Una suerte que aún quedara medio té. Esta calidez que pasa por mi gargante aprovecha para tranquilizar mi mente y mis sentidos. Un dolor de cabeza que empieza desde atrás surge y me hiere. Pero es extraño, ahora me siento mejor.
   Ahora siento tranquilidad, paz, digamos. He sido la mayor de las estúpidas, y merezco lo peor. La rabia me enloqueció, y ahora me arrepiento de todo. ¿O no es así? No lo sé, no sé ya qué pensar. Oh hermano, ven aquí. Mientras me aferro a tu pecho una última vez, puedo sentir como todo cae. Como todo se desvanece. Como todo empieza a cobrar sentido y a la vez se esfuma. Como todo se calma, y como todo es mejor.
   Ya no siento el calor de la fogata, a penas puedo pensar y decir unas cuántas palabras más.
   -Te odio.- Te quiero...

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(D':) ¡Me ha partido el corazón (Bueno, la sección del cerebro designada especialmente a las sensaciones emotivas) escribir esta historia! Pero bueno, no hay que dajar de lado que me ha gustado mucho la historia en sí. ¿Te ha gustado? ¿La has odiado como nunca antes habías odiado algo? ¡Déjalo todo en los comentarios!

No olviden que para la próxima semana se viene una historia feliz, probablemente de amor meloso... Hmm... Pero bueno, por ahora, no olviden alimentar a los peces, recomendarnos con TODOS y ejercitar su cuerpo y mente jugando a WiiFit. Que Awanowilona os protega. ¡Hasta pronto!

-Guille-

12/8/12

Fighting Sephiroth - Episodio 10 (Final de Saga)

¡Hola de nuevo lectores! Oh sí, he vuelto para publicar mi Historia Friki que debí haber publicado ayer. Primero, quiero aclarar que este no es un regreso mío total, puesto a que sigo sin internet propio; me encuentro en un Café Internet, dónde me cobran carísimo los dueños cabrones, pero que me permíte estar una vez más con ustedes a través de esta entrada. No sé, supongo que debería publicar algo más... Pero no es como que tenga mucho tiempo disponible para traer una entrada con un tema ajeno a mis Historias Frikis, las cuales son escritas sin necesidad de Internet, y por ende lo único que debo hacer es publicarla. ¡Pero no se angustien! Pronto, muy pronto me aseguraré de volver absolutamente con ustedes! ¡Pronto lectores! Y mientras ese pronto llega, disfruten del décimo episodio de "Fighting Sephirtoh", en el que culmina la saga 1: "Psique, Sephiroth y un Torneo". ¡Vamos a la Historia!

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   -¿Sí sabes,- Dijo el muchacho de diesciséis años, probablemente de diescisiete. -que esto significa lo suficiente para mí como para tener que destruirte?
   -Lo sé perfectamente, Rodian, pero sé que tendrás la compostura y el autocontrol para esperar un poco más.- Dijo Cokhmah, mientras estaba sentado en el agua de un río, y a sus espaldas una larga cascada relajaba la mente con sus melodiosos sonidos. El muchacho estaba sentado, pero al oir la respuesta de su acompañante, se levantó y caminó hacia el río donde se hallaba Cokhmah. Éste no se movió más que para sonreír. -Rodian, no te atreverías, no en este lugar de paz.
   -Mi hogar solía ser un lugar de paz, y entonces ustedes nos despojaron de todo. No veo cuál es la diferencia con despojarlos a cada uno de ustedes de sus propios lugares de paz. Y, lo repito, mi nombre no es Rodian.- El muchacho esta vez dejó emerger de sus manos un cetro la mitad del largo de su cuerpo, y éste comenzó a brillar con una luz amarilla intermitente y casi difusa. Seguía acercándose a Cokhmah.
   -¿Ese no es tu nombre, joven muchacho? Entonces dime, ¿Cuál es, eh?- Dijo Cokhmah, aún inmóvil sentado en las aguas del poco torrencial río, cuyas aguas cristalinas dejaban ver a los diversos peces que nadaban a gran velocidad en dirección a la corriente. Pero toda la corriente del río y la caída de las aguas desde la cascada se detuvieron en seco, dejándose tan inmóviles como estaba Cokhmah. El muchacho dio un paso, y se detuvo, con el cetro en mano.
   -Cokhmah, eso es algo que no puedo responderte, por lo menos no con certeza. Mi nombre se perdió junto a la memoria de quienes fueron en algún tiempo mis padres.- Dijo el muchacho, ya a la orilla del inmóvil río, a no más de diez pasos de Cokhmah. Cokhmah rió y negó con la cabeza, cerrando los ojos. Luego vio a su acompañante directamente a los ojos, sin perder esa cálida y a la vez sombría sonrisa que le caracterizaba.
   Fue entonces cuando Cokhmah se levantó al fin. -Rodian, o como  sea que desees llamarte, tus actos te han llevado hasta esta situación. Buscado por los Sephiroth, las emanaciones más fuertes del mundo, y que se suponen que son indestructibles, para ser destruido. Al ser yo un Sephiroth, no me queda más opción que destruirte. Ahora, pondré a tu disposcición dos opciones; la primera, rendirte y venir conmigo hasta tu final; y la otra, una que no considero prudente, sería quedarte y-- Pero las palabras de Cokhmah fueron interrupidas por una barricada de cientos de rayos que salían del cetro del muchacho, el cual estaba apuntado hacia Cokhmah. La incesante estampida de rayos continuó por un minuto completo. Luego, cuando nuestro Psiquer de trueno dejó su ataque, el agua se hallaba vacía.
   Literalmente. Puesto a que ya no había agua en donde se suponía que se abarcaban las aguas del río. El muchacho simplemente vio hacia arriba y allí estaba Cokhmah, volando no mucho más alto que el punto más alto de la cascada cercana, y era rodeado por lo que parecía ser una serpiente creada totalmente a base de agua, que avanzaba sin final haciendo círculos alrededor de Cokhmah. La serpiente parecía estar cargada con energía eléctrica en todas partes, ya que había absorbido todo el ataque del muchacho. -Debo ser cuidadoso de no tocar a Selvii ahora, ya que sería peligroso. Tú, por otro lado, no has de tener inconveniente…- Entonces Selvii, la serpiente de Cokhmah, dejó de dar vueltas, y su cabeza cambió a la de una afilada punta de lanza. Cayó en picada en dirección al chico.
   Pero el muchacho era más rápido, y le evadió con un salto y un giro en medio del aire. No obstante, Selvii era demasiado larga para poder evitarle de solo un salto, y, después de poner su mano en el cuerpo de Selvii para absorber toda su electricidad, hizo emerger desde los cielos un rayo, que cayó en la palma de su mano. Tomó el rayo y se impulsó hacia arriba. Una acción de menos de un segundo. Ya en el aire, el muchacho puso su mano viendo al suelo, e hizo aparecer un disco de rayos con el diámetro de su altura, y se quedó de pie en su nueva plataforma. Se encontraba a unos cien metros de Cokhmah, quien simplemente sonreía. El muchacho se dio cuenta que, ahora, Cokhmah se hallaba adelante, y Selvii le esperaba justo detrás, listo para cualquier ataque. Estaba rodeado.
   -Esto es bueno, Rodian, me habían informado de que tenías el poder de diez Psiquer juntos, pero no me imaginé jamás que pudieras superar la velocidad de Selvii. Será una lástima tener que eliminarte.- Ante esta frase, el muchacho simplemente rió; rió de la manera más profunda y burlona que logró, y cuando se detuvo, le habló a Cokhmah.
   -Eso es exactamente lo que dijo Kéter, y terminé eliminándole. Y en cuanto a mi nombre, pudes decirme Feather, Feather Fullmoon.- Los ojos del muchacho se tornaron blancos, y en ambas manos se produjeron tres aros igualmente blancos. Con una sonrisa, estalló miles de rayos, y la batalla tomó un giró más serio. Ninguno de los dos iba a contenerse más.
*****
   Darrel se hallaba, entonces, en las ramas de un árbol que estaba a punto de caer tras tantas mordidas por parte del gigantezco lobo. La sangre de Darrel yacía fría y le impedía moverse mucho más que para sujetarse más fuerte del tronco principal del árbol. El lobo, que hace tiempo pudo haber derribado el árbol con una llamarada, decidió “jugar” un poco con su presa, y le dejó asustarse. Su plan había resultado.
   Entonces, Darrel pensó en la manera de hacer algo, aunque algo confuso por el miedo. Pero antes que pudiera pensar en algo realmente bueno, el árbol comenzó a caer, e impactó con mucha fuerza en el suelo, dejando a Darrel atrapado entre muchas ramas. El lobo se acercó, y a Darrel le pareció, aunque confiaba que solamente era su imaginación, que había visto una sonrisa en el hocico del lobo. Con las fauces abiertas, empezó a morder y desgarrar en dirección a Darrel. Pronto el cuerpo de Darrel, y también él mismo, estaría muerto.
   Pero Darrel entonces se dio cuenta que, por ahora, estaba salvado. Estaba atrapado entre ramas, y por tanto, éstas le proporcionaron protección suficiente para no ser embestido de lleno por las mordidas del lobo. Darrel se dio cuenta que si iba a pensar en un plan, era ahora o nunca. Con el tiempo que disponía, pensó en lo que había aprendido a través de toda la mañana, y lo primero que recordó fue cómo crear hielo, así que alcanzó el segundo nivel en su menté, y, dejando por un lado el emocionante hecho de haberlo logrado tan facilmente, creó un bozal de hielo en el hocico del lobo, y además fijó las patas al suelo, con hielo. De un soplido por parte del lobo, el bozal ya había desaparecido, pero el hielo en sus patas parecía realmente ser un problema, al no poder girar su cabeza totalmente a sus patas para enviar una llamarada que derritiera el hielo. Darrel luego pensó en lo primero que aprendió, a manipular el hielo, e incluso poder absorberlo. Pero por el momento, Darrel solamente deseaba una cosa, y, recordando la facilidad con la que alcanzó el segundo nivel, empezó su proceso para llegar al nivel uno. Al llegar y poseer un aro en cada una de sus manos, extendió un brazo en dirección al lobo, y pensando en lo que deseaba con todas sus fuerzas, el lobo fue empujado hacia atrás, movido por los cuatro soportes de hielo hallados en cada una de sus patas.
   Darrel se apresuró a recrear su arco y flechas, los cuales se habían destruido con la caida desde lo alto del árbol, y, justo después de haber cumplido su objetivo, salió de las ramas no sin antes herirse con varios cortes en sus ropajes y, claramente, en su piel. Ya afuera, no perdió un solo segundo, y apuntó a las orillas del claro, donde el lobo ahora se encontraba, justo en el costado derecho. Después de fijar su objetivo, Darrel se mordió un labio, apretó con fuerza su flecha y su arco, para luego soltar la flecha sin más. Para la desfortuna de Darrel, la flecha no hizo mucho, pues ni siquiera atravesó la piel del lobo. Ahora sí, Darrel estaba perdido.
*****
   -Tal vez no lo aparentes, pero eres extremadamente fuerte, Rodian.- Dijo Cokhmah, ahora flotando sobre los inmensos escombros de lo que minutos atrás había sido un hermoso paraje de paz y quietud. El río había sido desviado totalmente, y ninguna cascada se alzaba ya. Los árboles de los alrededores fueron destruidos, reemplazados ahora por enormes cráteres tan anchos como autos y tan profundos como la altura de un camión. Era un escenario terrible, demostrando la devastadora fuerza de cada contrincante. -Me temo que no seré capaz de derrotarte.
   Feather tomó aire, más del que ya tomaba al jadear, y se elevó más en el aire con su platarforma, justo a la altura de Cokhmah, pero considerablemente lejos. Cuando habló, estaba casi gritando. -Y yo me temo, que no podré derrotar al tercero. Tu fuerza me da mucho qué pensar acerca de los siguientes ocho.
   -Bueno, si quieres mi consejo…- Dijo Cokhmah, sentándose en medio del aire. -Muere aquí. Es la única manera de evitar el dolor que tendrás en el futuro si continúas con la caza de los Sephiroth. Este camino no llevará a nada bueno, y no puedes seguir.
   -Es una suerte que no quiera tu consejo.- Dicho esto, Feather levantó su cetro, y poco a poco fue tomando la forma de una lanza, color plata pero aún teniendo su ocasional cambio a color amarillo difuso. Se acercó a Cokhmah, siempre volando en su plataforma eléctrica, y se decidió a clavarla en el pecho de su oponente. Levantó el brazo y lo movió hacia adelante. Cokhmah la iba a esquivar, y entonces Feather tendría la oportunidad de hacer un ataque final y devastador. Utilizó toda su fuerza para hacer que el movimiento fuese lo más rápido posible, para evitar que Cokhmah se alejase demasiado. Su estrategia era esperar a que Cokhmah esquivara el ataque, posicionándose justo al lado de la lanza; y entonces, cuando Cokhmah sintiera seguridad, la lanza se convertiría en un imán para Cokhmah, y le perseguiría para adherirsele. Cuando la lanza estuviera pegada, Feather activaría su técnica más poderosa hasta ese momento, Tesla’s Tomb, y le eliminaría. Todo estaba calculado para el momento en el que Cokhmah esquivara la lanza.
   Pero no lo hizo.
   Cokhmah no esquivo la lanza, y penetró de lleno en su pecho. Una herida limpia, sin sangre puesto que los Sephiroth no la poseen, pero aún así dolorosa como nada que había sentido Cokhmah. -Entonces… Seré yo quien muera, Rodian. No voy a presenciar un escenario tan doloroso como el que será tu muerte.- Feather, estupefacto, retiró la lanza del interior del cuerpo de Cokhmah, y le vio con ojos de horror. No esperaba nada de esto.
   -Entonces… Permíteme terminar.- Cokhmah asintió. -Sticking Stick.- Su lanza entonces salió de sus manos y se posó en el torso de Cokhmah, quien intentó retirarlo con un mínimo de fuerza, pero no logró nada, estaba totalmente pegado. Feather se alejó, y se alejó tanto que al final Cokhmah era solamente un punto en la vastidad de los cielos. Los ojos de Feather se tornaron blancos, y tres aros aparecieron en cada una de sus manos. Alzó ambos brazos en dirección a Cokhmah, y murmuró una palabra. -Adiós.- Y un “Nos volveremos a ver, procura buscarme cuando desees saber más.” resonó en su cabeza, respondiendo inconscientemente con “Eso no ocurrirá.”. -Tesla’s Tomb.- Y luego, como si se tratase realemente de una esfera de Tesla, cientos de miles de rayos se abrieron paso de la nada hacia un único centro, la lanza de Feather. O mejor dicho en este caso, Cokhmah. Pasados diez segundos del inmenso ataque, Feather perdió el conocimiento, y cayó suavemente al árido suelo en su plataforma.
*****
   Darrel se hallaba corriendo de punta a punta del claro, perseguido por un constantemente detenido lobo. El lobo había quedado libre gracias a una manera que encontró para librarse de su prisión de hielo, bajando la cabeza cuanto podía, y luego soltando todo el fuego que podía expeler. Eventualmente, el hielo se derretiría o debilitaría, y sería capaz de correr hacia Darrel. Pero éste último sabía muy bien lo que debía hacer, y continuó aprisionado al lobo cada vez que se liberaba. Pero después de un tiempo, Darrel quedó totalmente exhausto, y prosiguió con volverse a subr a un árbol.
   Joder, ¡Es que no se cansa! Pensó Darrel para si mismo. ¡No hay manera de ganarle! Entonces un pañuelo rojo voló ligeramente frente a sus ojos, y luego tomó un brusco giro en torno a la cara de Darrel, y le impactó con fuerza, dejándole sin poder ver y con dolor. -¡Caitlin! ¡Pudiste dármelo de otra manera!- Pero sabiendo que esa pista era su última oportunidad de ganar, la tomó y empezó a leer.
PISTAS DE AYUDA y blah, blah…
Ahora te habla Caitlin pedazo de inútil. Joder, ¡Que se jodan
los acertijos! Utiliza tu habilidad para mover el
hielo de manera que hagas tus flechas más rápidas y a la vez
 más mortíferas.
-Caitlin-
(Quien te dará una paliza si te atreves a perder)

   Darrel leyó las líneas con asombro en su cara. Pero más que todo, sonrió porque Caitlin ya no mostraba estar enojada con él, o por lo menos más de lo normal. Darrel entonces pensó en algo. En que tal vez su destino era tener ese arco como única arma. La idea lo decepcionaba y a la vez le emocionaba. Jamás se había considerado con habilidad superior a los demás con su puntería, pero ahora se daba cuenta que era muy buena, y había de explotarla. Pues mi arco, entonces, necesita un nombre. Pensó Darrel, y se pusó de pie en la resbaladiza rama donde se hallaba sentado. Alcanzando su segundo nivel de Psique, pensó en crear un arco. Pero no el arco que estaba usando hacía unos minutos, del largo de su torso y con esa extraña cuerda tan corta. Entonces, con toda la energía que emanaba de él en ese momento, pensó en un arco alto, tan alto como la altura desde sus pies hasta el inicio de su cabeza; ligeramente curveado, con unas perfectos acabados en cada una de las puntas, como si se tratasen de alas, una a cada extremo; con un lugar más delgado que el resto designado especialmente para su mano y la flecha, justo en el centro. Y las flechas, eran más largas, mucho más largas, y además más gruesas y perfectas. Ya tenía el nombre para su arco. Luego, vociferó a todo pulmón. -¡BIRI!- El arco que se describió en su cabeza apareció como si nada en su mano izquierda, y tres flechas como también las pensó en su mano derecha. Sin dejar el nivel dos, creó de nuevo los trozos de hielo que sujetarían al lobo al suelo.
   Bajó rápidamente del árbol, ya habiéndose despojado del segundo nivel, y corrió al extremo contrario de donde se hallaba el lobo. Dio la vuelta, y, sin sorprenderle, el lobo ya estaba corriendo en dirección a él. Esta vez Darrel no se movió; simplemente puso a Biri frente a él, colocó una flecha en su mano y en la larga cuerda; tiró de la flecha tanto como pudo, y alcanzó el nivel uno casi sin pensar. Y soltó la flecha cuando el lobo estaba a un salto de distancia, directamente al vientre. -¡Bullet Arrow!- Gritó.
   Luego dio un salto con miedo a la derecha, pues el lobo sentía tanto dolor que le hizo desviarse de su camino original. Darrel, satisfecho por su trabajo, sonrió. Aunque claro, la flecha para después de cinco segundos dejó de existir, derretida por el calor corporal del lobo. Este no era el fin claramente, así que el lobo reanudó posición para empezar a correr. Antes de esto, Darrel pensó en ponerle fin a la batalla; creó cuatro flechas, porque había perdido las otras dos que había creado, y las puso todas para tirarlas de un tiro, y, antes de soltarlas, gritó. -¡Arrow Shotgun!- El lobo se avalanzó sobre él, y las cuatro flechas se estancaron totalemente en su vientre, esta vez dejándole fuera de combate. Darrel sonrió al ver a su oponente en el suelo, y se le acercó. -Oye, no se te ocurra morir o algo. Me sentiría demasiado culpable si terminaras muriendo.- Todo esto lo dijo rascando suavemente tras la oreja del caido lobo. Luego de acariciar su pelaje, se puso de pie y giró. Avanzando desde el otro extremo del claro, Caitlin y Carsten se acercaban caminando.
   Darrel les vio con una sonrisa, y empezó a caminar hacia ellos. Caitlin se apresuró más que su hermano, y alcanzó a Darrel antes. Le abrazó con todas sus fuerzas, dejando a Darrel sorprendido; de los últimos días, Darrel no había recibido un solo abrazo por parte de Caitlin. Y antes que pudiera devolver el abrazo, Caitlin le empujó hacia atrás, riendo. Ahí estaba la ya conocida Caitlin.
   -¡Bien, Darrel! Sobreviviste, me impresiona.- Dijo Caitlin con una cara tan cálida y amigable como a Darrel no se le había ocurrido que pudiese hacer.
   -Es verdaderamente sorprendente.- Dijo Carsten, quien recién llegaba. -Esperaba mucho de ti Darrel, pero jamás imaginé que tanto.
   -Esto… ¿Y qué hice de sorprendente?- Preguntó Darrel, confundido. -Simplemente pasé mi entrenamiento elemental, ¿No?- Caitlin y Carsten se vieron mutuamente por unos segundos, y luego fue Carsten quien respondió a la pregunta de Darrel.
   -Es que Darrel… Este entrenamiento que involucra los niveles de Psique y por consiguiente la aparición de los aros en las manos, es un raro entrenamiento que lleva por lo menos cinco años de entrenamiento continuo para alcanzar a voluntad cualquiera de los tres niveles. Cinco años resumidos en un solo día, eso es lo que hiciste.- Esta última oración terminó de impactar en los pensamientos de Darrel, y le dejó con los ojos abiertos como nunca y la piel blanca como nieve. Temblaba levemente y sus ojos no se movían. -Tu poder va más allá del que imaginábamos, solamente hay que hacerle aparecer.- Carsten le dedicó una sonrisa a Darrel, quien seguía sin poder articular una sola palabra. Después de un momento, Carsten tomó el hombro de Darrel con la mano izquierda y tendió la derecha hacia Caitlin, invitándole a tomarla. -¿Cait?
   -Sí, vamos.- Acto seguido, Caitlin tomó la mano de Carsten, y los tres aparecieron de repente en el salón principal del hotel Fighting Hall. Como Darrel lo recordaba de la última vez que lo vio, la sala principal estaba totalemente desierta. Con paredes doradas e iluminada con tenues luces amarillas, la sala principal lucía tal como cualquier otro hotel de gran lujo. -Muy bien Darrel, pediremos comida para la habitación; tú ve y espérala. Y por cierto… No te caería mal en lo absoluto darte una ducha.- Sin responder si quiera, Darrel asintió y se encaminó a las escaleras. Cuando le perdieron de vista, Caitlin y Carsten se apresuraron a la cocina, hacia la cual se llegaba a través de un laberinto de pasillos en la planta inferior, ya bajo tierra.
   -La noticia de su poder le ha tomado muy por sorpresa.- Comentó Carsten después de una larga caminata en silencio. Caitlin simplemente asintió. Pero luego pensó en algo más qué decir, para no quedar tan vacía ante la conversación.
   -Pues sí, hace ya tiempo que dejó en claro que no maneja del todo bien las sorpresas.- Carsten soltó una pequeña risa, y Caitlin le acompañó. -Hemos hecho bien al entrenar a Darrel. El maestro estaría orgulloso. Carsten asintió y el silencio reanudó. Tiempo después, llegaron a la cocina.
*****
   -¡Lo que me faltaba! ¡Tú de nuevo!- Dijo Darrel con una sonrisa, llegando a su habitación, la cual continuaba exactamente igual a como la había dejado días atrás. El único cambio que se lograba distinguir era la alta figura que yacía recostada en lo que era la cama de Darrel. -Pero dime, ¿Qué te ha ocurrido? ¡Estás hecho polvo!- Darrel preguntaba con verdadero interés a la figura, mientras su sonrisa inicial se desvanecía.
   Y era cierto, su acompañante se encontraba herido por todas partes, y con sus ropajes raídos y casi destruidos. Cokhmah le vio a los ojos, forzando una sonrisa. -Teho…- Empezó, pero de repente perdió todas sus fuerzas y dejó de hablar. Darrel se apresuró a tomar un taburete y a sentarse al lado de Cokhmah, quien tomó fuerzas para decir unas cuantas palabras más. -Toca… Mi cabeza…- Y así, sin rechistar, Darrel tocó con la palma de su mano la cabeza de Cokhmah.
   Una ráfaga de recuerdos atravesó la cabeza de Darrel, con éste último entendiéndolos como si los estuviera leyendo. Todo empezó con la llegada de Feather ante Cokhmah, y concluyó con la abrupta aparición de Cokhmah en la habitación de Darrel. No más de un minuto para terminar de revisar los recuerdos. Luego, resonó un mensaje en la cabeza de Darrel.
   Teho, si no hubiera aparecido aquí en el momento exacto en el que lo hice, estaría muerto ahora. Te muestro esto para que veas el poder que reside en Rodian, y el extremo cuidado que debes tener cuando le encuentres. Recuerda estos pensamientos, pronto cobrarán sentido. Y sin más palabras que Darrel hubiera recibido, Cokhmah ya no estaba allí. Darrel quedó viendo a la pared, con la boca abierta y los ojos llenos de sorpresa. Ese era el poder del Psiquer que destruyó a Kéter, y que por poco elimina a Cokhmah. Tan sumido estaba en sus pensamientos que no notó cuando Carsten y Caitlin entraron por la puerta.
   -¿Te encuentras bien, Darrel?- Preguntó alguno de los hermanos, pero Darrel no se dio cuenta quién. Con un leve movimiento de cabeza en torno a sus dos acompañantes, dijo, con un tono profético y doloroso:
   -No sé cuándo, y no sé dónde; pero en algún lugar, en algún momento, me enfrentaré a aquel que destruyó a Kéter, y no hay manera de cambiar eso.- Dicho esto, Darrel se dejó caer en su cama y cayó en un profundo sueño. Un extraño destino le aguardaba.

Episodio 10 - ¡Biri! => Fin
Saga 1 - Psique, Sephiroth y un Torneo => Fin
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¿Os gustó? ¡Porque a mí me encantó! No olviden, y se los pido de todo corazón, comentar su opinión personal acerca de cómo va la historia. Ya saben, qué no les gusta, qué odian, qué les agrada, cosas así, que me ayudarán en el camino a mejorar y mejorar.
Y bueno, ¿Saben qué es lo especial de este episodio? Bueno, sí, que termina la saga 1, y empieza la segunda con el siguiente episodio, pero ¿Y además de eso? Pues claro, ¡La sorpresa que les prometí! No es de lo mejor, pero es algo para que tengan presente toda la historia en su ordenador, siempre lista para ser leída. Así, les presento el "Recopilatorio "Fighting Sephiroth" Ver. 1.0" *Aplausos abrumadores de una multitud también abrumadora*. Al ser la versión 1.0, no tiene casi nada de contenido, más que los diez primeros episodios y una que otra cosa, pero eso es todo; no se preocupen, habrán actualizaciones en cada cambio de saga, y no olviden que si esto parece poco, es porque esto es solamente el inicio. Y bueno, ahora viene el enlace para la descarga: [Presióname y entra al asombroso mundo de "Fighting Sephiroth"]
Recuerden releer toda la historia, para recordar detalles y ciertos aspectos que tal vez hayan olvidado, además de hacerlo para llevar un mejor seguimiento de la historia.
No olviden alimentar a los peces, recomendarnos con TODOS, y seguir una dieta rica en calcio y zinc, además de escribirnos en los comentarios o directamente a piruletavencida@hotmail.com. Que Varaha os guarde. ¡Hasta luego!

-Guille-

El Elfo

¡Hola lectores! ¿Cómo anda sus emocionantes y fascinantes vidas diarias? Espero que simplemente de lo mejor, como a todos nosotros aquí en Piruleta Vencida. ¡Cómo os he extrañado! Bueno, primero me gustaría disculparme por ausentarme tan notablemente, pero lastimosamente poseeo uno de los peores Internet que se pueda encontrar (Si es que no el peor). Pero bueno, ya pasando al tema de interés, que vendría siendo la entrada de hoy, les comentó que traigo una Historia Friki; específicamente la Historia Friki que debí haber publicado el sábado pasado, pero que por la misma razón de mi Internet del carajo no la pude publiqué. Así pues, os lo digo para que vean que si no la publiqué no fue intención mía, y que la Historia Friki ya estaba lista desde la semana pasada. Pero bueno, ahora vamos a la historia.

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Seguíamos caminando a través del espeso bosque. Era de noche, y el bosque no emitía el más mínimo sonido, sin incluir mis pesados pasos, por supuesto. No, pensar que Larael produciría algún sonido al caminar es simplemente inimaginable. Caminaba dócil y ágilmente, con movimientos fluidos y rápidos. No hubo momento en la caminata en la que me encontrase junto a él, era demasiado veloz como para que yo lo alcanzara. 

   Yo temía por la oscuridad del bosque, rara vez alguien se aventuraba en él, y quienes lo hacían no volvían. “El Bosque Maldito”, se le bautizó así hace ya un tiempo, dada la muerte de una persona.

   -¡Silencio!- Había dicho Níel, el proclamado líder de nuestro pueblo -Es una terrible pérdida, de hecho. Pero no permitiré tales actos, no mientras viva.- Níel estaba encima de la mesa donde se habían reunido los importantes del pueblo, a discutir un asunto de interés.

   -Níel,- Comenzó Cahor, hijo de Yahû -Los recientes acontecimientos nos obligan a actuar. Raineael- Nuestro pueblo. -no permitirá que esto continúe. Hemos tenido suficiente con la furia inexplicable de los Enanos.- Cahor luchaba por mantener las lágrimas dentro de él, y su voz se quebraba constantemente.

   -Cahor, sé que tu pérdida ha sido de mucho dolor y sufrimiento, y lo siento por ello. Pero atacar el bosque solamente ocasionará la guerra entre Enanos y humanos.- Dijo Níel, apoyado por algunas personas que asentían por lo bajo. -No, no lo harán.

   Por mucho tiempo hubo silencio, acompañado únicamente por los sonidos exteriores de la noche. El súbito silencio golpeó en la cara a Cahor, haciendo que lo rompiese.

   -Con o sin tu permiso, yo iré a luchar por la muerte de mi padre. Esos inmundos Enanos me lo arrebataron sin razón aparente. Es mi deber como hijo hacer algo al respecto.- Cahor entonces vio la cara de los expectantes de la discusión, y notó en ellas desaprobación. Sin más palabras, se dio la vuelta y salió por la puerta. Níel cerró los ojos y suspiró, bajando con un salto de la mesa.

   -Por lo menos no llevó a medio pueblo, como originalmente planeaba. Ve ahora Norah, necesita de tu apoyo.- Norah salió entre el pequeño grupo de gente y vio a Níel a los ojos, una lágrima saliendo de su ojo. 

   -Mi hijo está pasando por mucho dolor.- Comenzó Norah. -Mas no permitiré que vaya a cometer un acto claramente suicida.- Níel asintió lentamente, cerrando sus ojos. Y Norah se fue.

   -Muy bien señores- Empezó Níel, sentándose en su habitual silla, más alta que las demás. -Norah seguramente sabrá controlar este asunto. Ahora tenemos un asunto más importante qué atender.- El resto de presentes tomaron asiento, colocando toda su atención en Níel. -El Elfo.

   Uno de los hombres que estaban sentados se puso de pie, dejando sus manos en la mesa. -¿Hay alguna pista de quién es?

   -No, Tarnag.- En ese momento Tarnag se sentó nuevamente. -Nuestros mejores hechizeros están en la tarea de entrar en su mente para saber quién es, qué hacía aquí, y, más importante que todo, si es amigo o enemigo. -Algunos hablaban con otros en voz baja, discutiendo algunas cosas inaudibles.

   -¿Y su salud?- Preguntó otra persona, mientras se levantaba. Tenía la cara dura como la piedra, y sus brazos cruzados estaban rígidos. Un aire de seriedad le rodeaba.

   -Desde que se le encontró en las afueras del pueblo, no ha despertado, la principal razón por la cual no sabemos nada de él. Nuestros herbalistas están estudiando su condición, y no sabemos qué le ocurre, por tanto me temo que su destino es incierto.- Respondió Níel, sin levantarse. De nuevo, todos volvieron a pláticas en pares.

   -¿Qué haremos con él al despertar?- Dije, levantándome como todos habían hecho al hablar. Tenía mis manos pegadas a la mesa, constantemente moviendo mis dedos. Esta vez Níel vio al techo de la habitación, se puso de pie y se encaminó hacia una enorme pintura en la pared que estaba justo detrás de él. Se llevó dos dedos a sus labios y susurró en una voz tan baja que solamente él podía escucharse. Luego separó sus dedos de los labios y los presionó en la esquina superior derecha del cuadro.

   -Le llevaremos a tierra de Elfos.- Dijo Níel, volteando su cabeza hacia mí. -No nos sería conveniente un conflicto con los Elfos. Suficiente hemos tenido con los ataques de los Enanos.
   -¿Y no podría ir en solitario? Las historias nos cuentan mucho sobre la majestuosa fuerza que presentan.- Dije, además de estar alarmado. Las historias nos contaban de Elfos que, en solitario, podían derrotar a un dragón sin mucho más que unos minutos. Tal era la imagen que nos daban de ellos, que se decía que el fin de los dragones fue ocacionado por un Elfo. Creaturas formidables, de hecho.

   -Con su reciente estado, es muy difícil predecir su fuerza en el proceso de recuperación. Los planes actuales son enviarle con uno o dos acopañantes. El tiempo nos dirá qué hacer.- Con estas palabras, me senté y de nuevo empezó el bajo murmullo de los presentes. Y de pronto, silencio absoluto. Un silencio poderoso, enorme, con deseos de absorber todo. El único sonido que hacía presencia en la habitación era el chasquido del fuego de las antorchas. 

   Nadie volteó sus miradas cuando se abrió la puerta. Una figura alta, de cabello largo y plateado ingresó con paso orgulloso y fluido, hasta el extremo más alejado de la habitación, donde se encontraba el mapa. Todo esto a una velocidad tan rápdia como el mismísimo viento del norte, tomando poco más que un parpadeo de los presentes. La piel de Níel se erizó, como la de todos nosotros, al tener al Elfo junto a él. Sin que nadie lo percibiese, ya estaba analizando el mapa de esquina a esquina, señalando locaciones con su dedo y murmurándose a un nivel totalmente inaudible para nosotros, pero que seguro para sus refinados oídos era como hablar perfectamente. Así pues, fue como hizo acto de presencia el Elfo.

   Después de unos segundos, Níel sabía que debía decir algo, o su puesto al mando se vería afectado al ojo de los demás. Entonces Níel comenzó a articular palabras, que no fueron entendidas por nadie, cuando el Elfo le vio a los ojos y le interrumpió, diciéndo. -Huid, una guerra se cierne en lo más recóndito de estas tierras, y no querriáis estar aquí cuando tales catástrofes tomen su lugar. Es por tanto, mis queridos posaderos, que han de partir. Tanto al Sur como os sea posible, pero ha de ser lejos.- Dichas estas palabras, las cuales eran clara muestra de un alto conocimiento para estructurar su léxico, el Elfo dio vuelta y se marchó por donde había entrado, sin una palabra más. Níel quedó con las palabras en la boca, sin la oportunidad de articularlas por completo. Entonces cambió por completo lo que iba a decir, y se dirigió a todos nosotros.

   -Muy bien caballeros, ya le oyeron. Es hora de partir. Avísen a sus familias, a las familias de sus amigos, y a las familias de los amigos de éstos últimos. En este pueblo no quedará una sola persona para sufrir los acontecimientos presagiados por nuestro peculiar invitado…- Níel dudó un momento allí parado junto al mapa, sin verlo, y luego asintió y salió por la puerta. El murmullo ahora era una clara discusión a voz elevada, y todos decían muchas cosas. Tarnac se puso junto a mí.

   -Inaudito, ¿No lo crees?- Sus palabras eran casi un grito, como si intentase enfatizar algo. Algo que no entendí. -Viene este Don Elfo a advertirnos de algo que no estamos si quiera seguros, y ahora hemos de partir de nuestra tierra.- Había un claro tono de reproche en su voz, como un niño al que le quitaban su juguete injustamente. Pero tenía razón; no había una concreta razón para abandonar el pueblo. Yo tenía otra cosa en mente en ese momento, así que después de una rápida despedida a Tarnac salí disparado de la habitación. No me fue difícil hallar mi objetivo, pues estaba siendo persuadido por un acelerado Níel. El Elfo repetía a Níel que le dejáse en paz, pues tenía mucho que meditar. Entonces, Níel suspiró y se rindió, caminando hacia su casa. Yo, a pesar de conocer mi futuro rechazo, me acerqué al Elfo, quien estaba caminando en círculos en la plaza principal del pueblo, un lugar abierto donde se frecuentaban las actividades colectivas con el pueblo. Pero ahora, abrazada por las penetrantes sombras de la noche, era un lugar desolado y tranquilo; el lugar perfecto para pensar. Estaba a unos pasos del Elfo, cuando éste notificó de mis pasos a sí mismo y giró para verme.

   -¿A qué habéis venido, amigo humano? Lamento ser hostil, pero tendré que pediros que os retiréis, tengo asuntos que meditar.- Y el Elfo me dio la espalda y continuó caminando en círculos. Yo no me iba a ir sin lo que quería, y, recordando esas viejas lecciones de “Arte del hablar” con mi padre, le hablé.

   -Mis disculpas, gran Elfo, por mediar entre vuestros pensamientos de la noche. Pero he venido, pues, a preguntaros una pregunta que me intriga.- Fue lo mejor que pude pensar en decir, puesto a que mi lengua no era del todo refinada. Pero mi modo de hablar, aunque un poco forzado, pareció complacer al Elfo, y me concedió una pregunta.

   -Decidme pues, hermano, vuestras inquietudes y cuestionantes.

   -Inquietudes no tengo, mas cuestionantes me abundan. Pero las reservó para otro día, pues hay una en especial que me gustaría haceros. ¿A dónde vais ahora?- La pregunta no inquietó al Elfo, pero sí que le noté un tanto molesto, y tras unos segundos de pensar, me respondió con su ya habitual hablado fluido.

   -Iré muy adentro del bosque, en las secciones más escondidas y menos conocidas. Iré a aquellos lugares donde ningún humano ha osado entrar por más de un milenio. Iré directamente al hogar y asentadero de los Enanos, en busca de su total exterminación, o por lo menos, en la recuperación del sagrado Dei-- Pero entonces sus palabras se cortaron, y dudó allí parado frente a mí, seguro de que había dicho más de lo necesario. -Muy bien caballero, ya os he dicho mi destino, y con ello, vuestra pregunta queda resuelta. Vos has de cumplir vuestra parte, y marcharos sin más preguntas. Id bien, joven caballero.

   Pero era tarde. Ya tenía una resolución planteada, y claramente la iba a cumplir. Entonces, sin dejar a un lado mi promesa de no hacer más preguntas, me aventuré a asegurarle: -Iré con vos. Me temo que si vuestra meta es exterminar a los enanos, necesitará de más ayuda que la de vuestras propias manos.

   -Tal parece que subestimáis a nuestra raza, joven humano. No necesito de vuestras, en comparación, inútiles asistencias.- Me dijo el Elfo, sin muestra de enojo en sus palabras, entendiendo por completo que yo no había roto mi promesa. Pero algo tenía seguro yo, iba a ir con él.

   -Y también parece,- Empezé, crusando los brazos al hablar. -que vos me subestimáis a mí, puesto que no soy un Don Nadie. Mi nombre es Waltz D’hever, arquero dedicado a la protección de la gente que amo. Pues es así mi sentido de protección, que si los Enanos ponen en peligro la salud de mis compatriotas de la aldea, no me ha de quedar más remedio que luchar por su defensa. No me equivoquéis, porque si dar protección se trata, con el mayor de los deseos cumpliré con mi parte, y moriré en batalla si fuese necesario.- El Elfo no me miraba, veía altivamente a las estrellas, con un leve silbido emanando de sus finos labios. El conjunto daba una imagen excelente del Elfo, estando a la luz de la Luna con esa mueca de silbido adornando su cara. Pero antes que pudiera admirarle por más tiempo, sus cabeza giró totalmente en torno a mí, y comenzó a hablar.

   -A ver pues, señor arquero, demostradme vuestras habilidades con el arco, y basándonos en ellas, veremos el futuro de vuestro acompañamiento en mi viaje.- Y sin más palabras, giró todo su cuerpo y levantó su liviano brazo hacia las lejanías de la plaza, casi fuera del pueblo. Un cactus estaba allí, solitario y sin rodeaciones, a unos quinientos pies de donde estábamos. En el instante lo comprendí, y saqué mi arco la bolsa que llevaba a mis espaldas, junto con una flecha. Mi arco estaba hecho de madera, tallado por mi mismo, al igual que las flechas. No tenía mucho dinero para comprar arco o flechas en el mercado local, por lo que me decidí a fabricarlo todo yo mismo. Y me había dado resultados fenomenales. Mi puntería era tan buena que superaba con creces a los más habilidosos arqueros del pueblo, y era considerado como una persona con habilidades natas de la arquería. 

   Entonces, jalé de la flecha en mi arco, y apunté al cactus. Pero la distancia era el inconveniente principal, y decidí simplemente aumentar la dirección de la flecha hacia arriba, y, en consideración del leve viento que volaba, también un tanto a la izquierda. Sin asegurarme de estar apuntando en la poscición correcta, solté la flecha.

   Después de unos segundos esperando el impacto, la flecha dio de lleno en el medio del cactus. El Elfo solamente se giró y me habló. -Hemos de partir junto a los primeros rayos del sol. No os eperaré, saldremos por la salida este del pueblo, en falta de una salida norte, y continuaremos por los caminos de Ehadrel, hacia el norte. No me haré responsable de vuestra muerte.- Pude verle alejarse, pero después de unos pasos en velocidad normal, retomó la velocidad con la que había ingresado a la habitación hacía no mucho, y no le ví más esa noche. Y al a mañana siguiente, partimos hacia “El Bosque Maldito”.

   Fue así como terminé en esta situación, junto a Larael, quien me dijo su nombre después de haber partido. Llevábamos ya dos días y casi dos noches de incesante avance. Para Larael, yo seguramente no significaba mucho más que una carga, en vista que mi velocidad no se comparaba con la suya. Descansábamos para comer, y luego proseguíamos, encaminándonos hasta la ciudad de los Enanos. A pesar de mi presión para que Larael me contase más sobre nuestra meta, a parte de matar a los Enanos, Larael no me contó nada, y quedamos, pues, en un silencioso trayecto.

   Hubo un momento, tan abrupto y repentino, que quedé confundido. En ese momento, muchas cosas ocurrieron, y por alguna razón lo notifiqué todo; lo primero en ocurrir fue el absoluto detenimiento de Larael, mientras se agachaba y sacaba una pequeña daga de su bolsillo; lo segundo, fue la aparición de decenas de movimientos sobre nosotros, en las ramas de los árboles; y lo tercero, el extremadamente fuerte grito de guerra que quebró el silencio del bosque, lastimando mis oídos. Y en el momento en el que todo ocurrió y me confundió, todo encajó y me sorprendió. Caimos víctimas de una emboscada, por los Enanos, claro.

   Larael se apresuró con cada uno de los Enanos mientras yo reaccionaba a la situación, cortando y apuñalando a los Enanos que le atacaban, mientras esquivaba los pesados y poderosos ataques que se le dirigían. Yo, al fin conciente de mis propios movimientos, salí de la zona de batalla, para tener distancia para enviar flechas a los enemigos. Cuando llegué a la zona indicada y volteé, ya con mi arco en mano, me di cuenta que la batalla ya había concluido. -Estamos cerca, amigo. No os alejéis, hemos de terminar esto pronto.- Y acto seguido, Larael continuó nuestro rumbo como si nada hubiese ocurrido. Pero entonces, en lugar de asustarme de la fuerza de mi acompañante, me alivié, pues con tal poder, los Enanos no tendrían oportunidad para atacar de nuevo a mí querido pueblo. Con una sonrisa, le seguí, arco en mano y flecha en la otra.

*****

   Entonces el  bosque terminó, y nos hallamos frente a un inmenso claro, sin un solo árbol que le rellenase. A la luz de la Luna, el escenario era simplemente perfecto, con la penumbra anterior a nosotros ya terminada. Pero el claro no estaba vacío, oh no. Un castillo se alzaba más arriba que los árboles de donde habíamos salido. Antes de poder preguntarme a mí mismo qué era aquel castillo, Larael respondió a mi pregunta. -Hemos llegado, joven acompañante. De aquí en más, los ataques no procederan desde pequeños grupos sentinelas, ahora serán directos miembros del ejército Enano quienes nos atacarán. Nunca, por nada del mundo, dejéis vuestro arco. Y si os quedáis sin flechas, solamente habéis de pedir. Habrá ocaciones en dónde separarnos será crucial, por tanto, en caso de llegar a tal caso, habréis de dirigiros lo más arriba que podáis dentro de las instalaciones. No os detengáis.- Y acto seguido, sacó de su bolsa una espada larga, de apariencia ligera, pero con detalles en la empuñadura demasiado perfectos para haber sido hechos por humanos. Lo que más me llamó la atención de la espada, es que brillaba, iluminaba toda el áera donde se hallaba Larael. Y de nuevo, antes que pudiera preguntarle acerca de tan excelente espada, Larael estaba hablando de nuevo, sin saber que estaba respondiendo a todas mis dudas. -Yo, Larael, hijo de Eldion, cruzaré territorio Enano, con Waltz como mi testigo y Deity’s Blade como mi arma, a recuperar Deity’s Hammer de las manos de un ser que se ha vuelto loco. ¡Allá voy, entonces, a salvar las tierras de todas las razas!- Cruzó el claro antes que pudiera responderle y entró al castillo. Yo le seguí, sorprendido de las palabras que acababa de decirme.
 
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Bueno, ¿Notaron las últimas palabras de Larael? Pues sí, es una referencia directa a la historia que está [Resguardada en este inocente pero intrépido y vivaz botón]. Si de algo les sirve, esta historia tomó lugar doscientos años después de la que se redirecciona en el botón. Y sí, Larael es la figura que vio nuestro narrador de la historia al final; y fue él quién tomó Deity's Blade, para derrotar a Süiz. Pero bueno, supongo que todo esto ya se lo habrán imaginado. Por cierto, esta historia no termina aquí, continuará...

Lectores, eso ha sido todo por ahora. Y digo por ahora porque aún me hace falta publicar la Historia Friki de ayer, la cual ya está lista y solamente me falta hacer eso, publicarla. Ahora, si me permiten, me despido. Que Atea os protega. ¡Hasta pronto!

-Guille-